viernes, 29 de marzo de 2013

LA “VACUNA”, UNA REALIDAD EN NUESTRA CIUDAD


La creciente inseguridad en la ciudad, por la falta de compromiso de las autoridades, no solo trae desconfianza dentro de la población, sino que impide a los pequeños comerciantes y emprendedores de la ciudad mantener a flote sus negocios por el aumento tan drástico en la modalidad de extorsión o lo que comúnmente se  conoce como “vacuna”.

De la misma manera que el Gobierno nacional realiza sus reformas tributarias, en donde analiza que tipo de impuesto decretar o que productos gravar, así actúan las bandas criminales en los barrios de Medellín con la llamada “vacuna”,  que no es más que una especie de micro-extorsión que aplican los delincuentes de la ciudad a las comunidades en general. Esta se da en todas las formas imaginables, en todo tipo de actividad económica y abarca las más diversas cuantías, desde la gran extorsión hasta la pequeña ‘vacuna’.

La vacuna se instauró en una forma de protección violenta, los grupos ilegales creaban el riesgo, robando y extorsionando a los comerciantes y así después de este “peligro” llegaban ofreciendo seguridad, diciendo nada más que: “Si quieren trabajar, tranquilos, páguenos la cuotica”.

Así fue que la práctica se institucionalizo y se naturalizo, de tal manera que para el ciudadano es común escuchar cobro de vacunas en cualquier lugar de la ciudad llegando a un punto que no le parece injusto tener que pagar 5 o 10 mil pesos para sentirse seguro. Vacunas que pagan hoy trasnacionales, el gran trasportador, los distribuidores de productos de consumo masivo, comerciantes, tenderos, trasportadores intermunicipales, taxistas, educadoras, vendedores ambulantes, mariachis y serenateros; y hasta el que vende en los semáforos tiene que pagar una no despreciable cuantía de dinero. 

Lo que sigue haciendo que este tipo de prácticas se vuelva cada día más despreciable es que estas bandas criminales llegan a los establecimientos comerciales a solicitar "la colaboración de vigilancia" y al que no colabora lo matan.

Las llamadas "vacunas" se han vuelto comunes para los comerciantes, pero ahora los delincuentes han empezado a abusar acudiendo varias veces y pidiendo colaboraciones que no son posibles. Pedirle  de cuota a una peluquería de barrio 15 mil pesos diarios es impensable, esta cifra llega incluso a convertirse en otro arriendo, imagínese usted pagar 15 mil pesos diarios para poder tener su negocio “seguro” y de paso para conservar su vida. Al mes este impuesto le suma a usted en sus balances contables una no despreciable suma de 450 mil pesos.

Estas cifras que últimamente se vuelven inviables para los negocios que prefieren cerrar a tener que seguir pagando este tributo a la criminalidad. Cada negocio que se cierra frena la economía local y el mercado laboral, dando por terminadas las oportunidades de trabajo que este negocio pudo haber creado en un futuro de no haber sido obligado a cerrar por las amenazas de estos bandidos. 


No se puede atribuir  a esta administración esta problemática social debido a que este problema se viene dando en Medellín desde la década de los noventa. Pero si es menester que esta administración fortalezca las instituciones encargadas de combatir este tipo de organizaciones criminales que se encargan de violar la libre autodeterminación del comerciante y el patrimonio económico que son principios o directrices consagradas como derechos fundamentales. Estos dos últimos amparados por la ley 906 del 2004.

Todos los derechos de propiedad derivan del reconocimiento social de la legitimidad de un derecho pero este contrato social tiene que preceder a la propiedad real. Las instituciones que protegen el bienestar de los comerciantes tienen que fortalecerse para velar por los intereses de la sociedad en general. Es verdad que si los individuos pueden realizar un contrato es porque se poseen a sí mismos para realizarlo, de esto se deduce que la propiedad tiene que preceder a los contratos. Si no es así, sólo es posible la violencia.

No es necesario investigar sobre el tema para observar lo que está pasando con el cobro de vacunas, esta problemática se cuenta sola en cualquier barrio de Medellín. Una triste realidad que vuelve a contrastarse con lo de la ciudad más innovadora.

Esperemos la administración actual empiece a fortalecer más las instituciones encargadas de combatir estas problemáticas y podamos ver que en los balances contables de los negocios, ya no esté incluido este tributo al crimen.

PACÍFICOS PERO POBRES



Esta puede ser la mayor conclusión de los colombianos al leer la reciente publicación del DANE sobre la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del año 2012, publicada el 13 de marzo del 2013 donde se reveló que el 42,4% de los hogares colombianos se consideran pobres. La Región Pacifica viene siendo la más afectada con el mayor porcentaje de hogares que se consideran pobres (63,4% de la población, según el informe).

Desafortunadamente esta historia de olvido y pobreza no pareciera tener solución. Han sido muchas las intervenciones de los expertos en economía y desarrollo sobre lo que debería hacer la Región Pacifica para mejorar sus condiciones de atraso y pobreza extrema. A pesar de ello, pareciera que el gobierno central no ha entendido que la exclusión social y los elevados índices de pobreza  no sólo generan  problemas económicos, sino también problemas de gobernabilidad, estabilidad política y convivencia ciudadana.

El gobierno debe entender que el dinero de la bonanza minero-energética de los últimos años debería estar encaminada a como alguna vez lo pensó el padre de la economía moderna, Adam Smith, a generar un mayor beneficio social a raíz del crecimiento. Para generar un nivel de desarrollo superior al actual se debe buscar robustecer los pilares de este, que son: la pobreza y la educación. No se puede pretender que una sociedad o una región avance con cifras tan paupérrimas como la del analfabetismo en la región: 20,1 % de la población es analfabeta. Cifra que en pleno siglo XXI pareciera imposible.

Más allá de discursos y de buenas intenciones, la población de esta región necesita soluciones estructurales referentes al tema de educación y pobreza extrema. No basta con que el gobierno cree o aplique programas asistencialistas como suele ser el SISBEN y Familias en Acción, ni enviar ayudas alimentarias cada vez que se desate un escándalo social con las cifras de pobreza o girar recursos sin control como sucede comúnmente.

Esta región no necesita dinero regalado ni la limosna de las demás regiones. Requiere que se creen políticas de desarrollo económico invirtiendo y construyendo infraestructura que propicie un mejor espacio para los negocios, para fortalecer industria, y para atraer inversionistas no sólo nacionales, sino también internacionales. Se busca que estos, a medida que vayan generando empresas, encaminen a construir políticas con apoyo del gobierno local para la reinversión de los recursos de una forma más responsable y apropiada, para generar el cambio necesario en educación, pobreza y desarrollo.

La nación sigue teniendo una deuda enorme con estos pueblos marginados. La riqueza está concentrada en el interior del país, tal como lo revela el coeficiente GINI, que técnicamente mide el nivel de pobreza y la concentración de ingreso. Este indicador muestra que en la región del Pacifico viven los más pobres, los que menos recursos poseen y los que menos oportunidades tienen de generar un cambio estructural en sus condiciones de vida.

Los caminos son muchos. No se puede hablar de una redistribución del ingreso, cosa que solo generaría más desigualdad. Lo que sí es menester es generar políticas que aborden el tema por el lado del crecimiento económico y desarrollo social, para que con gestos de inversión del Gobierno Central se pueda buscar una salida.

Para que la región sea capaz de generar empleos de calidad, para que sea auto sostenible, para crear viviendas dignas, aumentar los ingresos y así distribuirlos equitativamente y aumentar el ingreso del gobierno regional y este usarlo para satisfacer las necesidades por medio de la asistencia estatal encaminada a ir generando desarrollo.

"El desarrollo exige la eliminación de las principales fuentes de privación de la libertad: la pobreza y la tiranía, la escasez de oportunidades económicas y las privaciones sociales sistemáticas, el abandono en que pueden encontrarse los servicios públicos y la intolerancia o el exceso de intervención de los Estados represivos" diría Amartya Sen (Premio nobel de Economía en 1998) en clave de la trágica realidad del Pacífico Colombiano. Esperemos que expertos en el tema se dediquen a que esta región pueda renacer y aportarle en gran medida al crecimiento económico del país. De esta manera, así suene utópico, seguirán siendo pacíficos, pero dejarán de ser pobres.

lunes, 11 de marzo de 2013

Pensar la violencia en Medellín


PENSAR LA VIOLENCIA EN MEDELLIN

En los últimos días, el contraste de noticias que los habitantes de la ciudad de Medellín hemos recibido ha sido enorme. Desde ser nombrados como la ciudad más innovadora, reconocimientos alrededor del mundo sobre cómo hemos sido capaces de transformarnos como ciudad y muchas otras cosas que hacen creer que Medellín ha llegado a un punto imbatible frente a las otras ciudades de nuestra amada patria.

Luego, nos enfrentamos con  noticias como las que salieron a la luz el 7 de marzo en el periódico El Colombiano sobre las cifras de homicidios, las cuales muestran un aumento del 21,2% respecto al mismo periodo del 2012, preocupando nuevamente la alta cifra de homicidios en la comuna 13 (San Javier), en la comuna 10 (La Candelaria) y en la 8 (Villa Hermosa).

Pero no sólo han aumentado los homicidios, los hurtos y las vacunas. Se publicó también el dato de que en el año 2003 había 3200 hombres al servicio del crimen, mientras que al comienzo del año 2010 la cifra aumentó a más de 9700. Para darnos una idea de la magnitud de esta cifra, se habla de que la guerrilla tiene 7.200 hombres en sus filas. Sólo en la comuna 8 en el año 2012, cerca de 14 combos reclutaron a más de 440 menores de edad para incorporarlos al crimen. Se habla también de que entre 2008 y 2012, 18.700 menores de edad cometieron delitos en Medellín. Jóvenes que cada día se ven más perjudicados, pues la Alcaldía sigue ignorando los hechos, lo que finalmente los llevará a alejarse más y más de su educación, de un futuro más promisorio y de un ideal de salir adelante y proponerle a su ciudad y a su país sus talentos, sus ideas y sus fuerzas.

Invito a las autoridades civiles y militares a tener en cuenta que el Artículo 124 del Estatuto de Roma ya perdió vigencia en nuestro país, lo que implica que a quienes cometen crímenes de guerra y de lesa humanidad en Colombia pueden ser extraditados para ser juzgados por Cortes Penales Internacionales. Falta que se le diga pan al pan y vino al vino y dejar de usar eufemismos para calificar los actos delincuenciales que desestabilizan de manera grave el orden jurídico de nuestro país.

La deserción escolar es otro tema preocupante, se habla de que cerca de 17.000 niños estarían desertando al año en las escuelas de Medellín. 90% de estos lo hacen por motivos de violencia. Sin justicia ni respeto por la vida, no podemos llegar a ese sueño de una Medellín más educada. Los jóvenes, el futuro del país, tienen que ser prioridad de la Administración Municipal y ser el foco de todas las políticas que pretendan generar cambio en la ciudad. No podemos esperar que la única razón para que nuestros niños jueguen a las escondidas sea por el miedo a que estos combos los encuentren, los recluten y en el peor de los casos terminen arrebatándoles la vida.

Pareciera que esos sueños de los habitantes de la capital de la montaña de vivir en una ciudad más segura, se convirtieron en  noticias del día a día sobre la muerte de niños inocentes por causa de balas perdidas, de amenazas que no les permiten ir a la escuela y muchas otras caras de la violencia que han creado estos grupos armados. También pareciera que ese sueño de todos de vivir en una Medellín más segura y sin homicidios nos diera el calificativo de “utopistas patéticos”, esos que reclaman y hacen una petición de un “imposible”.

Reclamamos como ciudadanos un fortalecimiento de las instituciones dependientes de la Alcaldía,  que se reconozcan públicamente los problemas de la ciudad y un debate abierto sobre los temas de seguridad y desarrollo para que el ciudadano tenga conocimiento de lo que realmente está pasando.

Medellín, tierra a la cual amo y merecedora de todos los premios por sus grandes avances en cuanto a transformación social y desarrollo económico, también merece y necesita que la administración local sea clara y objetiva respecto a lo que está pasando día a día en las calles.

Esperemos que la Alcaldía reconozca los problemas a los cuales se enfrenta la ciudad actualmente y  tome cartas en el asunto para que así un día, esperemos no muy lejano, podamos llegar a esa utopía de una Medellín sin violencia.

Autor: Santiago Jimenez Londoño
Publicado en: http://colombiaopina.co/index.php?op=282

sábado, 9 de marzo de 2013

Desempleo en Colombia


El desempleo en Colombia se rehúsa  a bajar de los dos dígitos. Las últimas cifras que reveló el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) sobre el desempleo muestran que la tasa nacional se ubica en 12.1%, lo que da cuenta de una disminución frente al 12,5% que se registró en el mismo periodo del año 2012.

Con estos últimos datos arrojados por el DANE podemos ver que las ciudades más afectadas por el desempleo son Cúcuta, con una tasa del 17,8% de desempleados, y Popayán (17,1%). Por su parte, las ciudades menos afectadas en esta materia son Barranquilla (8%) y Bucaramanga (8,6%). Las ciudades principales como Bogotá, Medellín y Cali tienen unas tasas de 9,5%, 11,7% y 14,8% respectivamente.

Un dato significativo es que en los últimos 20 años Colombia es el único país del subcontinente en permanecer con una cifra de dos dígitos de desempleo. Durante este período su tasa de desempleo ha mostrado una tendencia inelástica respecto al crecimiento económico. Es decir que con el auge económico de los años 2006 y 2007, o con el deterioro global de la economía y las repercusiones de estas en el país en los años 2008-2009, la variación de la tasa casi no ha variado.

La economía en los últimos años ha mostrado un crecimiento estable, las exportaciones crecen en buena medida, los inversionistas extranjeros nos ven como uno de los países preferidos de la región para hacer negocios, y el PIB tiene una variación porcentual positiva y alta, comparada con los demás países de la región y del mundo, a pesar de la crisis económica global. Entonces, ¿por qué no se ve esto reflejado en la generación de empleo formal?

Con todas estas señales positivas de la economía colombiana en los últimos años es difícil pensar que la tasa de desempleo aún siga en dos dígitos y que más que eso los colombianos no puedan vincularse con un empleo estable.Según el DANE, en 1990, en el sector industrial los empleos permanentes representaban más del 90% de los ocupados, mientras los temporales sólo llegaban al 7%. Para 2003, la ocupación temporal en el sector supera el 25%.Actualmente esta situación se ha agravado debido a múltiples factores que llevan al colombiano que no logra vincularse establemente con una empresa a buscar otros medios que le devenguen remuneración  monetaria. Entonces les toca aceptar empleos informales carentes de prestaciones sociales, aumento de la subcontratación y vinculación por prestación de servicios.

Uno de los efectos que más pueden afectar al país en el largo plazo es la sostenibilidad del régimen de seguridad social. La forma en que el Estado tiene que cubrir la salud y las pensiones de muchos desempleados o empleados informales que no pueden cotizar una pensión nos lleva a un déficit fiscal en el que el estado tiene que tomar partido en ese régimen social que debería ser auto-sostenible, financiado con el aporte de empleados y trabajadores formales.
Al largo plazo, esta forma de régimen clientelista del Estado de suplir este tipo de necesidades llevará a Colombia a un déficit fiscal muy grave. El Estado tiene que empezar a incentivar la creación de empleos formales y permanentes para garantizar así una tasa de desempleo estable de un solo digito y un régimen de seguridad social auto-sostenible.

Esperemos que la situación del mercado laboral pueda mejorar y podamos llegar a esa utópica cifra de un solo digito, pero que más que una cifra sea el resultado de políticas eficientes que tengan en cuenta los desafíos económicos que se le presentan a Colombia en los próximos cinco años. Y siempre teniendo en cuenta que un país como el nuestro no puede salir del subdesarrollo con un mercado doméstico tan miserable y con un estado tan apático en esta materia.

Por: Santiago Jimenez Londoño 

Publicado en: http://colombiaopina.co/index.php?op=234